CRÓNICAS DE AYER Y HOY: EL JARDÍN GRANDE ES EL MÁS QUERIDO DE LOS LAGUENSES

Escrito por: Jesús Martínez Ramírez (Q.E.P.D.) - Redacción de Colección

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Hace unos días nos tocó en suerte, platicar con un grupo de personas auténticos laguenses por los cuatro costados, quienes gustan de recordar nombres de personas y lugares, que hace décadas fueron muy populares pero que actualmente son desconocidos por las mayorías.
La conversación giró en torno al antiguo «Jardín de Molino», que ahora conocemos como Jardín Grande, el que a pesar del abandono en que lo tienen sigue conservando el primer lugar en el corazón de los laguenses. Tan hermoso predio arbolado se debe a dos hombres notables: D. José María Rincón Gallardo ex Marquéz de Guadalupe y al prefecto del segundo cantón de Jalisco, D. Santiago Aguilar, (antepasado de la célebres señoritas del mismo apellido que vivieron por la calle de la Estación; y que merecen ser recordadas en este escrito aparte).
A quien se debe la terminación del puente grande y la construcción del llamado del Baluarte, Datos de ALFONSO DE ALBA MARTIN) el primero donó graciosamente el terreno y el segundo obtuvo del gobierno del estado los dineros necesarios para darle forma.
En las últimas décadas del siglo pasado, se conoció como jardín del Molino, debido que estaba próximo Molino económico primera industria del centro del país, el vetusto jardín en sus 140 años que tiene de ser el preferido de los habitantes de Lagos (junto con la calzada) ha sido testigo mudo sin fin de acontecimientos históricos, por sus andaderas pasearon lo mismo el insigne cantor de la niñez José Rosas Moreno, que don Francisco González León el poeta de las horas tranquilas, allá por 1950 tuvimos el alto honor de saludar a don Mariano Azuela precisamente en dicho Jardín en donde el ilustre novelista estaba ensimismado contemplando las verdes frondas que su juventud dieron cobijo a sus inquietudes literarias y como él todos los demás escritores y poetas que vivieron en nuestra ciudad, pasaron los mejores momentos de su existencia en el bello jardín Grande.
Cuantos romances se iniciaron al amparo de las verdes frondas ¿? y no solo en el pasado dio asilo a los enamorados, en el presente sigue brindando su discreta paz a los descendientes de quienes hace décadas sellaron con un beso un juramente de amor en la quietud de un atardecer y bajo el dos el de un fresno centenario.
Por los años 20´s las autoridades en turno, llamaron oficialmente el jardín que nos ocupa «Parque Francisco I. Madero», en honor del hombre que luchó y dio su vida por lograr que los mexicanos viviéramos en un país, donde la democracia fuera la norma de gobierno, con el lema: «Sufragio efectivo No Reelección» (En la puerta principal pusieron dos columnas y el fuste de ellas una placa de granito gris con el nombre ya mencionado, pese a que se consagró a un ciudadano proser los laguenses jamás lo designaron con ese nombre para ellos siempre siguió siendo el Jardín Grande.
Todavía por 1935, tenía en su lado norte un amplio canal que iba formando islas y se unía a tierra por medio de rústicos puentes de Madera, lo llenaban con la limpia agua que venía de los manantiales de la Higuera por medio de la atarjea que fue tan famosa en sus tiempos fue en el periodo que fungió como presidente municipal D. Alfredo Padilla cuando cegaron el canal que hacía años les había quitado los elegantes cisnes que durante décadas hicieron las delicias de las familias laguenses.
También un tiempo tuvo setos de cedros en todos sus prados lo que ocasionó que el césped de los antes limpios prados, se descuidara y se convirtiera en un basurero.
Hubo algunas temporadas en que no tenía alumbrado, el que también faltaban a su vecina la calzada Pedro Moreno, con gran júbilo de algunas parejas de enamorados que durante los plenilunios pasaban románticos momentos en el antañón Jardín . Actualmente es la sede de la comida de la amistad que anualmente ofrece la presidencia municipal a los laguenses que viven en otras ciudades y del domingo anterior al 6 de Agosto se dan cita en el nostálgico jardín a compartir el pan y la sal y a platicar del tiempo ido.