CRÓNICAS DE AYER Y HOY: LOS FENÓMENOS CELESTES EN EL PASADO

Colaboración Exclusiva Entregada Por Don Jesús Martínez Ramírez A Noticias De La Provincia En El Año De 1990...

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Se dice que el eclipse solar que habrá el próximo mes de Junio, será el último del agónico siglo XX y del segundo milenio de la era cristiana.
Y que será posible observarlo en las pantallas de los televisores, esto último o es muy significativo, pues disminuye las posibilidades de que las córneas de quien lo mire sin lentes apropiados reciban lesiones.
Durante siglos tal vez milenios, los habitantes de las regiones, donde eran visibles los eclipses, se llenaban de temores, creían que el fin del mundo había llegado, en uno de los muchos combates que los cristianos Españoles sostuvieron con los ejércitos musulmanes durante la larga guerra de la reconquista de su patria; ocurrió un eclipse total, de lo que ya estaban advertidos los cristianos y no los árabes, quienes al ver que el sol se ocultaba en pleno día se llenaron de pánico y huyeron dejando el campo en poder de los Españoles.
En todas las épocas pasadas, los fenómenos celestes eran motivo de preocupaciones, sobre todo en las mayorías donde privaba la ignorancia por la falta de preparación; pues solo una minoría privilegiada asistía a los colegios en donde también en cuestiones científicas la educación estaba por los suelos, según lo demuestra don Agustín Rivera en varios de sus escritos, se dice que el 26 de Junio de 1785, se vio en nuestra ciudad que entonces era Villa, el hermoso espectáculo de la «Aurora Boreal», que como su nombre lo dice, es un fenómeno común en las regiones nórdicas pero en nuestra tierra lleno de espanto a la mayoría del pueblo. Contaron algunos ancianos que lo oyeron de sus antepasados, que la dichosa aurora boreal, eran como trozos de neblina teñidos de púrpura que como lenguas de fuego llenaban de cárdenos reflejos las montañas, los bosques y los caseríos, muchas personas murieron de síncopes, otros sufrían desmayos, las campanas doblaban a muertos, y por las calles desfilaban lúgubres procesiones, cantando misereres (Antonio García Cubas en su «Diccionario Geográfico Histórico y bibliográfico») a fines de la cuarta década de nuestro siglos, hubo un acercamiento del planeta Marte con el nuestro, a tal punto que al caer la tarde se podía ver hacia el este, al rojo planeta, más grande y refulgente que Vesper en Algunas iglesias hubo horas santas en desagravio al todo poderoso de los pecados con que la flaqueza humana infringe sus santas leyes, en cambio otras personas, con elementos rudimentarios construían telescopios caseros para el grupo de amigos observar más de cerca, al misterioso planeta del que se decía que lo habitaban pequeños hombres verdes que habían construido una importante red de canales, estos últimos se decía que eran visibles con la ayuda de grandes telescopios, los astrónomos fijaron la fecha en que más se aproximaría Marte a nuestro mundo. Fecha que esperábamos con ansiedad pues se temía que provocara vientos huracanados y hasta terremotos en algunas regiones, la demasiada cercanía del rojo planeta al nuestro.
Pero felizmente paró sin novedad y se alejó de nuestro mundo, el tan investigado planeta Marte.  Recientemente mucho se ha hablado de los objetos voladores que se dice son naves de civilizaciones extraterrestres que nos visitan con demasiada frecuencia. Muchos libros se han escrito al respecto, muchas conferencias han versado, sobre los seres semejantes a los extraterrestres que continuamente rondan a velocidades fantásticas a nuestro globo terráqueo. Pero todo lo que se ha dicho y escrito sobre los platillos voladores y sobre los seres que los tripulan son meras especulaciones, ningún hombre de ciencia ha logrado tener alguna prueba y si acaso la tienen no la han hecho pública tal vez por no alarmar a los neófitos en tales materias, por lo que  seguiremos creyendo que los terrícolas somos los únicos que habitamos en uno de los más pequeños planetas hasta que se nos demuestre lo contrario y con gran indiferencia el público esta en espera que se dice esta registrado en un códice maya con un error de ocho días.